El Sahara ocupado

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El Sahara ocupado En el sector del Maghreb del continente africano, allí donde aún se confunden las mezquitas con la lengua francesa, donde la miseria más destemplada habita cara a cara con el lujo desmedido de algunos reyes, existe un pueblo que se diferencia notoriamente de sus pares, un pueblo africano, árabe y de lengua española, un pueblo con una arraigada vocación democrática, casi única para un estado árabe; es el pueblo saharaui, los habitantes del Sahara Occidental.

Al llegar a sus campamentos ocupados provisoriamente en Argelia, en la provincia de Tindouf, sólo teníamos un conocimiento documentado de la historia y de la contingencia de este pueblo, de su lucha por la descolonización en sus territorios ocupados por los marroquíes desde la independencia española. Sabíamos que después de más de 15 años de guerra con Marruecos, decidieron reorientar su lucha hacia la vía diplomática, desarrollando en los últimos 16 años una batalla pacífica en la legalidad internacional y en el respeto a las resoluciones de las Naciones Unidas. En ese período han construido una compleja institucionalidad democrática, y han preparado en cada movimiento, los pasos que darán al recuperar su libertad.

Nos instalamos en la Jaima (carpa) de una Diputada y fuimos recibidos por su familia con los mejores tratos que se pueden dar en la precariedad más absoluta, pero con la dignidad de un pueblo que tiene la certeza de un futuro más digno. En ese pequeño espacio dormimos, comimos y recibimos a las más altas autoridades de la Nación, allí Diputados y Ministros nos explicaron los detalles de un intrincado aparato político y social, de a poco nos fuimos sorprendiendo de una cultura que se une por completo en un destino común y que ha sabido aprehender de los errores de sus pares en la conquista de su libertad.

En nuestro recorrido fuimos testigos de cómo la igualdad es un concepto central y real en la sociedad saharaui, en efecto, desde el Presidente de la República hasta el más humilde habitante viven en las mismas condiciones, las autoridades no reciben remuneraciones, no hay empresarios ni farándula, sólo hay un pueblo organizado por un fin mayor, la conquista de la independencia.

En largas reuniones sostenidas en las Jaimas de distintas autoridades e incluso en las dunas del Sahara fuimos testigos también de las propias contradicciones y sensibilidades políticas de los saharauis. Mientras algunos son firmes partidarios de que la descolonización de los territorios ocupados solo puede materializarse en la persistencia y lentitud de la política internacional y de la diplomacia, otros, en un afán más revolucionario, sostienen que ha llegado el momento de tomar las armas y poner fin a una colonización que los ha mantenido en la precariedad y sumidos en la pobreza.

El reino de Marruecos ha sido implacable a la hora de impedir la autonomía y soberanía de los saharauis, han construido un muro de casi 2000 km. de largo y han ocupado gran parte del territorio saharaui. Las riquezas naturales del desierto son la razón del tesón marroquí y del apoyo que a este último estado le han dado las principales potencias europeas, en ese sentido, es explicable el pesimismo que invade a algunas autoridades saharauis, la solución diplomática al conflicto.

El sol persistente del Sahara ha moldeado a los saharauis y los ha dotado de notables virtudes cívicas, las que han sabido respetar con mucho mayor compromiso que aquellos estados que se consideran los paladines de la libertad. Tienen una vocación innata por la democracia y un respeto irrestricto por los acuerdos y tratados internacionales.

Por otro lado, ese mismo sol, ha causado estragos en su particular concepción del Islam, en efecto, entienden que la religión es un esfuerzo personal para comunicarse con Alá y no la asumen como un rol del Estado, por eso ni siquiera tienen mezquitas y cada individuo se hace cargo de sus propios rezos. A pesar del Corán, las mujeres se desarrollan libremente en la sociedad saharaui, con una notable participación política en todos los ámbitos de la Nación, un solo ejemplo: todos los Dhairas (municipios) son controlados por mujeres. Sus vestimentas tradicionales nada tienen que ver con sus concepciones religiosas, solo cumplen el fin práctico de cubrir el cuerpo de un sol penetrante y del polvo y la arena que inescrupulosamente se alojan en sus morenos cuerpos.

El proceso independentista de los saharauis es inédito y pone de manifiesto que el letargo de un calor intenso es un buen elemento para la calma, la sabiduría y la prudencia, virtudes que son poco apreciadas en nuestra agitada y competitiva sociedad. De hecho, cuesta entender y es fácil criticar como un pueblo puede permanecer por largas décadas confiando en que las soluciones a sus demandas descolonizadoras se materializarán en la buena voluntad de la comunidad internacional.

Cuatro días en el desierto, compartiendo codo a codo con el pueblo saharaui nos ha demostrado que nuestra intuición antes de llegar era correcta, vale decir, que el apoyo a una causa debe responder a la justicia de las reivindicaciones y no a la rentabilidad de las mismas. Lamentablemente, pareciera ser, que en política internacional solo las causas rentables generan el compromiso de las grandes naciones y las luchas marginales, por muy justas que sean, solo reciben apoyo humanitario. De seguir así, la lucha armada será el fatal destino para un pueblo que ha resistido hasta el cansancio el uso de la violencia y constatará una vez más el fracaso de las instancias internacionales en la resolución de este tipo de conflictos.

John Charney
Abogado chileno, asesor del diputado Marco Enriquez-Ominami.


 

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